Una historia de SNA en la revista De Valde

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Hola a todos, os quiero contar la historia de Cabia, Chispita, Negre y Llamita. Desde pequeña tengo debilidad por los animales, o más bien, los tengo como hermanos, de igual a igual. Tras comprobar que podía vivir en todos los sentidos sin dañar a ningún animal decidí a los 15 años dejar de comérmelos, ni ingerir absolutamente nada de origen animal, tampoco vestir
con pieles, cueros ni lanas y no usar ningún cosmético ni producto de higiene que testase en ellos. Estoy orgullosa de ello, y totalmente sana. Apenas tengo estudios y dieces porque a decir verdad me pasé la infancia tirada por el jardín de mis padres revolcándome con los perros, pero no me arrepiento en absoluto, todo lo contrario, los animales me han enseñado y me enseñan más que cualquier escuela.

Desde siempre e querido tener animales a mi alrededor, pero hasta hace poco no me había
animado a compartir mi vida con aves. Empecé a traer a casa gallinas y gallos que necesitaban recuperarse porque estaban malitos y un día unos amigos de una asociación me pidieron que por favor fuera a un lugar en el que parecían haber abandonado a varios animales, y así era. Tras
tomar nota de todos los animales que había abandonados y comprobar en que estado de salud se encontraban para su posterior denuncia comprobé que había 4 gallinas encerradas en un gallinero que habían sido abandonadas desde hacía al menos 3 o 4 meses. No tenían comida, y agua por suerte, ya que era época de lluvias. Estaban las 4 totalmente enquilladas, en los huesos, y parecían no haber visto un humano en mucho tiempo. Casi lloro cuando pude comprobar que debido al hambre que tenían se habían comido a todas las compañeras que habían perecido allí por inanición, pude contar unos 4 o 5 cuerpos. Ellas estaban asustadas y se les podía ver en la mirada un gran sentimiento de desesperación. En ese momento decidí que ahí no se iban a quedar, que vendrían a casa, independientemente de lo que a mi me pudiera ocurrir y de lo que me pudieran acusar. Las metimos en una jaula que por allí había tirada y nos fuimos hacia el coche lo más rápido que pudimos. Pensé, ya están a salvo. Cuando fueron pasando los días en casa pude observarlas con atención, y vi que tenían un trastorno de picaje, cada vez que una de ellas decidía relajarse al sol y tumbarse, las otras iban a picarla y a comerle las plumas, se pensaban que estaba muerta, y lo asociaban a “es el único momento en que puedo comer, hazlo”. También estaban totalmente insociabilizadas con humanos y con el resto de sus compis gallos y gallinas, eran una piña y jamás se separaban. Por suerte puede solucionar el picaje y la poca sociabilidad con unas flores de Bach y sobre todo, con mucho amor.

Compartimos momentos increíbles cada día a medida que iban cogiendo confianza e iban aceptándome a mí y a los demás. Yo me sentaba cuando tenía un ratillo e iban observando como Merche (una cariñosa gallina que partió hace tiempo a otra vida), se acercaba a mi y se me subía a las piernas. Tenía costumbre de acurrucarse en mi barriga y hacer ruiditos hasta que se quedaba dormida. Ellas 4 veían que yo no les hacía nada y que al parecer las gallinas y gallos que se me acercaban se quedaban sobados, por tanto debieron pensar, ¿no parece tan malo no?.

Con el tiempo fueron cogiendo ejemplo de Macarena, Merche y Carmelo, y empezaron a
sociabilizar y a recibir cariño. Esto fue un periodo de meses, empezamos por caricias y palabras, y finalmente acabaron haciendo cola para que las cogiera y las achuchara (con toda la fuerza que se puede achuchar a una gallinita). A veces se sentaban encima de mis piernas y se quedaban parsimoniosas observando mi cara poro por poro. ¡Algún que otro picotazo (en son de paz) me llevé!, al parecer sonreía y mis dientes les parecían un plato de lo más suculento, así que empecé a sonreírlas desde el alma, tal y como ellas me habían enseñado.

Cuándo conoces a un animal, y conoces sus gestos, su manera de ser, sabes cuando te está sonriendo desde el alma aunque su cara no diga lo mismo, sabes exactamente lo que sus ojos te están diciendo, y te enseñan así un silencioso y enriquecedor lenguaje totalmente lleno de matices y de las mil maneras en las que ellos saben decir, AMOR.
Tuvimos días maravillosos, veía cada escena en el gallinero que no podía parar de reír y a veces parecían reír conmigo. Es estupendo porque es como ver a tu hijo crecer poco a poco, quien le cae bien, quien no, que comida le gusta, cual no, averiguar los sitios clave para dejarlas grogui... Si algo les encanta a todas las aves, son los besitos en los mofletes, no se resisten a ellos.
También hubo días y momentos de tensión y amargura cuando se ponían malitas, a veces teníamos que embucharlas (meterles una sonda hasta el buche para alimentarlas), porque tenían malestar y no querían comer.

Sin duda alguna a sido toda una maratón de descubrimiento,
aprendizaje, amor, sentimientos, penas, lágrimas, y alegría, una lección de vida que no termina de cesar nunca si son los animales nuestros maestros.

Por desgracia Llamita, Chispita y Negre partieron a otra vida, al parecer todas por la misma patología, seguramente algo vírico que cogieron por haber comido los cuerpos del resto de gallinas abandonadas. Me dolió mucho despedirme de mis niñas, me había propuesto compensar su sufrimiento con una larga vida llena de cariño y caprichos, pero ahora sé que ellas marcharon conociendo el amor humano, que antaño no conocieron. Conociendo los abrazos, los cuáles verían como (esos extraños apretujones que tan bien me hacen sentir), esos besos y esas caricias que jamás me cansaré de darles, y esos pensamientos llenos de energía, añoranza y amor que aún sigo mandándoles y ellas a mi. Cabia si está con nosotros, junto con 10 nuevas gallinas,
gallos y pavos, con los que forja cada día nuevos lazos y nuevas experiencias. A veces me parece que se siente un poco huérfana, pero por suerte Macarena (otra gallina) hace de hermana y si en algún momento Cabía está asustada o triste, la acompaña.
Los animales están llenos de sentimientos como tu y como yo, les afectan tanto como a nosotros y nos los demuestran tanto como lo hacemos nosotros. Si las personas tenemos un muro de hormigón en ese huequecito tan grande que tenemos en el corazón donde pone, ANIMALES, no es su problema, es el nuestro, y por mucho que lo intentan, no consiguen comprender nuestras costumbres , hábitos y crueldad, y más a menudo de lo que te imaginas, un perro, un gato, un caballo, un cerdo, un ciervo, te dice, ¿no ves que te quiero? . Es una pena que la mayoría de la gente siga en ese bajo escalón de la indiferencia y el egoísmo, haciendo sufrir y morir a millones de animales a diario, de las maneras más crueles e inimaginables, para que las personas se puedan alimentar, divertir, maquillar o vestir. Pues hoy me toca decirte a ti, a quien esté leyendo esto, que no te engañen, que se puede vivir en armonía con GAIA y con los seres vivos que la habitan, se puede vivir sin comer animales y estar sano, se puede vestir sin quitarle la piel a otro, te puedes lavar y usar cosméticos chulis que no torturan animales...entre todos podemos acabar con estos campos de concentración tan ocultos a la sociedad. Yo e conocido lo especial que es conectar con un animal, lo especial que es ver que una gallina y un gallo me pida un abrazo, lo maravilloso que es que un pavo me pida que le acaricie la cabeza, que un caballo tumbado se duerma entre mis piernas, que un ratón me reclame un beso antes de que me acueste, que un animal se ponga triste cuando está malo y no quiere quedarse solo, que a mi caballo Pintor se le muriera su compañero y pasara meses sin levantar cabeza y relinchando hacia donde lo vio sumergirse bajo la tierra... Yo tenía la cabeza de Faraón, uno de mis caballos, entre las manos mientras el moría, lloré con el, le llamé, le agité, sus ojos se apagaban, su corazón se apagaba, pero pude sentir como él me llamaba y cómo una parte de mí moría con él, la recogía y se llevaba todo el amor que le había dado durante toda mi vida, se lo llevaba a ese lugar tan maravilloso, mientras me decía, aquí te espero. Me quedé cobijada bajo sus patas, mientras el partía...Me gustaría que todo el mundo experimentara esto, que todo el mundo sepa todo el amor que se está perdiendo, y lo lejos que eso les deja de evolucionar.

Sed felices